
En este pequeño parte, del 28 de marzo, podemos leer a un Javier Ortiz sincero (cuándo no) e incansablemente trabajador a pesar de su estado, contento de que le hayan dejado "montar un pequeño pero eficaz tinglado informático" que le permitía, entre otras cosas, "enviar las columnas a Público con la misma cadencia de siempre".
"El parte
Hace ya días que decidí no dedicarme a poner paños calientes a mi estado de salud, porque ni vosotros sois niños de teta ni la rumorología puede controlarse a voluntad.
Seré breve:
1º) Tengo una hepatitis aguda, con afectación al hígado y a aún no se sabe si a más órganos de importancia. Lógicamente, estoy hospitalizado desde hace una semana;
2º) Es imposible calcular el tiempo que puede demorarse el diagnóstico: desde quince días a partir de hoy (mínimo) a un máximo que los médicos no pueden determinar;
3º) como en todas las hepatitis, aparte de las infinitas pruebas –casi todas acompañadas de extracciones de sangre, pero eso es lo de menos–, el paciente sufre un cansancio enorme, próximo al agotamiento permanente. Por poner un ejemplo: recorrer un mero pasillo hospitalario me deja para el arrastre, hasta extremos realmente inverosímiles.
No hablaré de la calidad de la comida. Sí de la excelencia del nivel de atención de los médicos y médicas (muchas), enfermeras, auxiliares, celadores, limpiadoras, etc., salvando las inevitables excepciones (la del capellán intruso, por ejemplo, que se te mete en la habitación para ofrecer sus servicios/oficios sin que nadie los hubiera demandado).
He de mostrarme igualmente muy pero que muy consolado porque el Hospital me haya permitido montar un pequeño pero eficaz tinglado informático que me permite conectarme a la Red, leer los diarios, bajarme sus ediciones en PDF y enviar las columnas a Público con la misma cadencia de siempre. Sin esas horas dedicadas al trabajo lento, premioso, fatigoso, pero volcadas en lo que más me gusta, esto se me ha haría deprimente, insoportable.
O sea, que francamente mal, pero podía ser peor. En todo, y dedicado a las radios con las que suelo colaborar más asiduamente (Radio Euskadi y Ràdio 4): olvidáos de mí de momento"
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Seré breve:
1º) Tengo una hepatitis aguda, con afectación al hígado y a aún no se sabe si a más órganos de importancia. Lógicamente, estoy hospitalizado desde hace una semana;
2º) Es imposible calcular el tiempo que puede demorarse el diagnóstico: desde quince días a partir de hoy (mínimo) a un máximo que los médicos no pueden determinar;
3º) como en todas las hepatitis, aparte de las infinitas pruebas –casi todas acompañadas de extracciones de sangre, pero eso es lo de menos–, el paciente sufre un cansancio enorme, próximo al agotamiento permanente. Por poner un ejemplo: recorrer un mero pasillo hospitalario me deja para el arrastre, hasta extremos realmente inverosímiles.
No hablaré de la calidad de la comida. Sí de la excelencia del nivel de atención de los médicos y médicas (muchas), enfermeras, auxiliares, celadores, limpiadoras, etc., salvando las inevitables excepciones (la del capellán intruso, por ejemplo, que se te mete en la habitación para ofrecer sus servicios/oficios sin que nadie los hubiera demandado).
He de mostrarme igualmente muy pero que muy consolado porque el Hospital me haya permitido montar un pequeño pero eficaz tinglado informático que me permite conectarme a la Red, leer los diarios, bajarme sus ediciones en PDF y enviar las columnas a Público con la misma cadencia de siempre. Sin esas horas dedicadas al trabajo lento, premioso, fatigoso, pero volcadas en lo que más me gusta, esto se me ha haría deprimente, insoportable.
O sea, que francamente mal, pero podía ser peor. En todo, y dedicado a las radios con las que suelo colaborar más asiduamente (Radio Euskadi y Ràdio 4): olvidáos de mí de momento"